Momentos de la entrega de reconocimientos a la obra de ocho poetas mexicanos, en el centenario del fallecimento del poeta hispanoamericano Amado Nervo y como homenaje a la gran poeta Thelma Nava.

 El 28 de agosto de 2019, recibí un reconocimiento a mi trabajo literario que vio por primera vez la luz en 1995, con el libro compartido con la narradora Victoria Santillana: Bacalar sueño de agua, este libro fue realizado por un proyecto de residencia artística en la casa Internacional del Escritor de la SOGEM en Bacalar Quintana Roo.

Una vez decìa Ignacio Trejo Fuentes que para él era una alegría estar orgulloso de sus amigos, y al descubrir que dentro de los poetas reconocidos este día estaban grandes voces de la literatura mexicana y entre ellos amigos entrañables, fue motivo de júbilo y nerviosismo.



Leí un texto que reunía al azar (según la experimentación retomada de un taller de posía experimental con Raúl Renán en el 2010, en el Centro de Creación Xavier Villaurrutia) versos de los poetas reconocidos esa mañana, un homenaje màs a estos autores que tanto han imfluído en mi obra, ya sea a través de sus lecturas, como Marlene Villatoro, de la mesura como Aura María Vidales, de la experiencia poética  de Rolando Rosas, de la entrega a proyectos editoriales de Raúl Zurita, del paso firme y trabajado de los versos de los otros poetas, del arrojo de Sergio, de la fuerza y continuidad de Francisco Javier Estrada.

Estaba nerviosa y omití dedicar este reconocimiento a quienes están todos los días celebrando mis horas en la escritura o padeciéndolas, mi pequeña familia integrada por  Katsumi Kurosaki y Yuuki Federico, mi hijo. 

Y claro a ellos que siempre están, mis padres Hilda y Federico, con sus manos sosteniéndome en la buenas y en los tropezones, siempre ahí. 




Sí, estaba preocupada por la hora y no dije que Amado Nervo ha sido fundamental en mi escritura, que lo leí desde los libro de la primaria y en secundaria era de los preferidos de Catalina, mi maestra de español y que después cuándo comencé a profundizar en la poesía mexicana, gracias a un taller, que nunca fue taller sino un curso intensivo de poesía mexicana con Víctor Manuel Mendiola, me acerqué a Nervo leyendo La amada inmóvil. Lloraba con los poemas, Nervo era capaz de arrancarme las lágrimas contenidas, de conmoverme, de hacerme regresar a su libro una y otra vez. 

Nervo me enseño, que hay ser capaz de sentir las palabras, de acomodarlas con su emoción primigenia, me enseñó a no temer a mis propias emociones, con el tiempo encontré vasos comunicantes entre La amada inmóvil y El cuervo de Allan Poe. También con el tiempo y gracias a José Francisco Torres descubrí a Nervo el narrador, y claro lo disfruté y lo disfruto y comparto con mis alumnos jóvenes, que como yo van descubriendo siempre nuevos autores. Nervo está en mi obra y por ello el recibir este reconocimiento en su centenario es un verdadero orgullo.

Este año, muriò mi querida amiga, maestra, gran poeta Thelma Nava, sin duda una de las grandes voces de la poesía hispanoamericana. Thelma fue siempre lectora de generaciones de poetas, iba a la lecturas y presentaciones, era generosa con sus conocimientos, aguerrida, le gustaba ver las peleas del canelo, leía sus poemas como una diosa y también a ella está dedicado este reconocimiento, por ello el recibirlo es un triple honor. A saber: por mis amigos, por Amado Nervo y por Thelma Nava.

Continuará con el poema y los agradecimientos que sí leí...

























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