Alguien habla sola por Víctor Hugo Díaz

Alguien habla sola por Víctor Hugo Díaz



Después del hambreIsolda DosamantesLágrimas de Circe,Mar del Plata, Argentina, 2017.

Por Víctor Hugo Díaz   

                                       
No. 102 / Septiembre 2017


Alguien habla sola


Y recuerda, nunca dejes tu casa parece ser lo importante, lo que no hay que olvidar, cuando cada hilo de agua es una mujer en el intento de nombrar con rabia al silencio; en ese momento en que los hilos cantan siempre, pero de gota en gota. En Después del hambre de Isolda Dosamantes, hay más que palabra o lenguaje, hay poesía, cayendo de la punta de la voz, no de la lengua. Así, cuando a veces se vende el cuerpo o se regala; o cuando durante la dureza del tiempo “la luna grita por la noche”. 

En estas visiones o bellas y terribles imágenes, se nos permite a los lectores entrar en eso resistente y beligerante que mueve a la poesía, llevándonos como sobre rieles al Frente, ríos que nos conducen al combate del hoy y ahora, porque el agua tiene memoria y quizá es tan impredecible como ser asaltado a pocos metros de casa.

En mis ojos se me aparecen personajes e íconos populares como Adelita, que representa a esa abuela rebelde que se nos vuelve a aparecer desde el soporte de la historia, como murallas recién pintadas que sirven de escenas no solo para la escritura, sino para la capacidad de crear objetos, visibilizarlos en la experiencia, hacerlos táctiles sobre un formato textual, donde valiosa y valientemente se encuentran la vida y la poesía.

Es un soporte imaginario que va de Oaxaca a un grafiti en Colombia, o tal vez nos lleva a caminar entre la Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo dándonos cuenta de cómo el cemento va cubriendo, poco a poco, la tierra del maíz.

Ciertamente Dosamantes desentierra y expone estas carencias a nivel continente; muestra el pasado-presente, identidad igual diversa y actual. El registro que es la poesía.

Como esa voz que grita o susurra diciendo versos al oído, quizá a “Gabriel”; o esos “locos que hablan solos” , o el reloj que avanza a ritmo de polvo dentro de una prisión de escombros, al centro de una ciudad donde lo más importante es la palabra “Renuncio” porque la piel también tiene memoria.

En Después del hambre de Isolda Dosamantes fluye una voz que se mueve, que no aburre con lo lineal, que trabaja las texturas, acaricia densidades y sobre todo y fundamental en un libro de poesía, nos sorprende con imágenes que siempre vemos y nunca habíamos visto; es una voz en movimiento “boleto en mano” en un viaje permanente, sin tener que moverse, donde tal vez sea suficiente amar a una dulce sanguijuela, o mejor, a la tristeza de la distancia.


Santiago de Chile, agosto 2017

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