miércoles, 17 de mayo de 2017

Artículo en la revista Piedra de toque de José Luis Puga

En: http://piedradetoque.mx/articulos/026-mujer_y_literatura_tlax.htm


Tlaxcala no camina aún
en cuestión de género

José Luis Puga Sánchez

 
Tlaxcala vive una lenta pero persistente evolución en la literatura hecha por mujeres y en la forma que es vista la mujer en la narrativa y en la poesía. El avance es palpable, pero también brillan las evidencias de que la velocidad no es la deseada. El trabajo literario en general en Tlaxcala es bisoño, novicio. Las frutas del árbol no tienen sabor… todavía.
 
Dos acuciosas mujeres hablan de género… de literatura… y de Tlaxcala. Olimpia Guevara Hernández e Isolda Dosamantes Carrasco tejen, destejen y entretejen el hirsuto pelambre social que sofoca aún a la mujer.
 
APERITIVO
 
Recientemente una joven que estudió letras aquí en Tlaxcala, no supo que Citlalli Xochitiotzin es una poeta… y de Tlaxcala. Y la diferencia generacional es muy poca como para justificar ese desconocimiento, como para saber que Citlalli no es una funcionaria…
 
… Así Isolda Dosamantes, poeta y tallerista, bosqueja la gravedad del entorno.
 
LA FRONTERA
 
En Tlaxcala, el esfuerzo de las mujeres pervive tercamente… y hay casos que se notan. Pero en general sigue el proceso de búsqueda, de afianzar realmente un trabajo digno, aquilata Olimpia Guevara, experimentada maestra en la Facultad de Filosofía y Letras de la Autónoma de Tlaxcala, docente que delinea su apreciación: Yo no hablaría en este momento de trayectorias consolidadas, de mujeres que ya rebasan el panorama regional. Creo que ese es un trabajo que se sigue haciendo por las propias condiciones del estado. Es decir: no es sólo a veces la persona, sino todas las circunstancias que rodean el desarrollo del artista. Y ahí hay responsabilidad tanto de la sociedad como de las políticas culturales, como de las personas que se dedican exclusivamente al arte de formarse, de trascender, si no es posible en el estado, pues fuera de él.
 
El trabajo de los hombres tampoco merece, hasta el momento para ella, el calificativo de sobresaliente, pese a la obtención de premios foráneos por algunos de ellos. Olimpia entiende que la consecución de algunos premios externos, más que significar un trabajo sobresaliente, muestra que hay quien ha visto más allá de las fronteras estatales y se ha aventurado a la marea gruesa nacional, necesario en virtud de la magra oferta que Tlaxcala ofrece en terrenos como la formación… pero aún es una obra en proceso.
 
EL ESPEJO PÚBLICO
 
Más que el feminismo, la perspectiva de género me parece -confiesa Olimpia- más abierta, más tolerante con todas las circunstancias. Tenemos diferencias y esas diferencias no solamente en las cuestiones de género o sexuales, sí se reflejan también en lo social, en lo cultural y en las oportunidades que tenemos hombres y mujeres en una sociedad.
 
Académica ella, no puede eludir su sino: Estudios de diferentes universidades en el mundo hablan de cómo una mujer para alcanzar el máximo grado académico, que sería un doctorado, tiene muchísimo menos oportunidades y posibilidades que un hombre. Finalmente por todo lo cultural, lo social y lo biológico la mujer está más cercana a la tarea de la maternidad y de la crianza y eso retrasa muchas veces las expectativas académicas: a veces las cancela, a veces las pospone demasiado. No es la misma oportunidad que tiene un varón respecto a una mujer en la formación.
 
Y el arte –punza- requiere de tiempo, un tiempo de artista, los tiempos internos, los tiempos externos, los tiempos de la vida y los tiempos de su propia creación. Y a veces es muy difícil compaginar esos tiempos de la vida de creación del artista, con los tiempos a los que obliga la sobrevivencia económica y la vida familiar. Esa inequidad sí retrasa mucho y es ahí donde la mujer a veces rompe barreras, sacrifica muchas cosas en pro de una carrera, de un renombre artístico.
 
Olimpia Guevara centra su mirada en la literatura, su campo, y dice percibir en la escritura reflejos de la escritora; las narradoras y las poetas están llevando a la escritura parte de su vida personal: Todos hablamos desde la posición que tenemos social, económica, psicológica, personal, emocionalmente y sólo muy ocasionalmente logramos reparar eso. Pero esa perspectiva de género sí está. La vida personal de una mujer pasa casi directo a veces a la obra, trabajada, matizada, tamizada. Pero se vislumbran los problemas que aquejan a las mujeres en ciertos momentos de la vida: la maternidad, el amor, el fracaso amoroso, lo social, la muerte de un familiar… Todo esto se percibe en el trabajo de muchas narradoras y poetas tlaxcaltecas. Ya hay una posición de género.
 
Poeta largas décadas cuyo registro está depositado en varios libros de su autoría, estudiante en nuestro país y fuera de él como en Canadá y China, hoy aventurada en la empresa cultural, la experiencia a Isolda Dosamantes le dice que la mujer poeta más temprano que tarde es arrojada al vacío del olvido. Aunque dice que al hombre le sucede igual. Pero el hombre no tiene la carga que la mujer: sigue siendo para las mujeres muy, muy difícil, porque tiene que trabajar, ejercer varios roles: poeta, madre, lavaplatos, psicóloga del esposo… todos los oficios con los que cargamos, aunque seas muy libre o muy liberada. En algún momento finalmente caemos en los parámetros que la sociedad espera de ti, una sociedad patriarcal como la mexicana, dominada por los hombres.
 
Isolda ubica otra razón del olvido en la difusión… o su ausencia. La difusión –ilumina a quienes viven en la oscuridad- depende del poeta y de las instituciones… pero pareciera que el poeta debe ser su propio difusor.
 
EN EL CAMINO…
 
Olimpia Guevara marca una evolución en los contextos de las mujeres. Aduce los enormes escollos enfrentados por las primeras generaciones de escritoras tlaxcaltecas y el cambio a partir del año 2 mil. Hoy –dice- existen otros conflictos, como la violencia que enfrentan, la misoginia y el feminicidio, que es algo a lo que por ejemplo mi generación no se enfrentó tan rotundamente. Aunque también hay hoy otros privilegios, como asistir a la universidad sin mayor problema, vestirse, salir, tener a la mano muchos satisfactores que antes no tenía.
 
Para el arte –añade- depende de la propia personalidad, depende de las circunstancias que uno se va generando y que tanto tesón tiene uno para superar todo lo que enfrenta, además de las habilidades, vocación y la manera de expresarlo.
 
Décadas acompañante de la producción artística en el estado, cercana testigo de sus avatares, Olimpia se torna incisiva: Sea hombre o mujer, la condición del artista es la de un trabajo de ruptura. En esta sociedad al arte y la cultura son accesorios. No son fundamentales. Eso conlleva más problemas para quienes eligen este camino.
 
“La danza su lenguaje es el cuerpo, muy difícil. En actuación estamos viendo primeras, tal vez segundas generaciones de actrices. Hay artes muy difíciles porque son de frente. La pintura a veces es muy abstracta”.
 
Isolda ubica la presencia de la mujer dentro de los poemas cien años atrás, cuando el poeta Efrén Rebolledo volteó la vista al cuerpo femenino a su lado. Él es, dice Isolda, quien hace que la mujer tenga vida en los poemas. Después de él muchos lo pueden hacer. A la mujer la dan voz… en Rebolledo la mujer toca al hombre, o toca a otra mujer. Es la primera vez que la mujer deja de ser, como en Díaz Mirón, una hermosa esmeralda, como una Venus, y se convierte en alguien con emociones y que también se mueve y que también siente y que también es capaz de dar.
 
Y ese brotar inicial da paso después a generaciones de mujeres que se pelearon con todo en busca de dignidad, de reconocimiento, de respeto. Y había –recuerda- que vestir de mezclilla y ponerse botas y tomarse un tequila, a la hombre, para poder participar dentro de la vida cotidiana… Y es su momento eso sirvió y provocó una apertura.
 
EL ESPEJO ÍNTIMO
 
La imagen de la mujer que se maneja hoy en la literatura, tlaxcalteca y externa –califica Olimpia Guevara-, sigue siendo muy estereotipada, aunque no sé si a veces sea estereotipo o sean condiciones de las que finalmente, como género, la mujer no va a estar nunca salvada, por ejemplo el erotismo, que no es malo en sí, sino cuál es su fin, el tratamiento que uno le da.
 
Isolda coincide: Es una imagen siempre idealizada. Estamos en una época en la que estamos completamente libres de hablar, en los poemas, de las emociones y de la mujer vista sexualmente, aunque no necesariamente cosificada.
 
Ahorita –añade la poeta- se puede tomar de muchas maneras a la mujer… y la mujer es todo eso también. La mujer sí representa un atractivo sexual y la mujer también es una mujer que piensa y también es una mujer que lava trastes… todo eso somos. Creo que todo depende del valor que las mujeres nos demos a nosotras mismas como para dejarnos encajonar en una sola cosa. Es una época en la que tenemos mucha apertura al conocimiento… Hoy, como ejemplo Marisol Nava, no tememos a mostrarnos en nuestra capacidad de amar.
 
Olimpia Guevara afirma que en Tlaxcala ya se puede hablar de ciertas generalizaciones, en esta lucha por hacerse de un nombre en el panorama literario. “Pero actualmente ya sienten mucha seguridad. Hay muchos jóvenes ya con premios, con formación académica, alumnos de talleristas connotados que les dan bastante seguridad”.
 
Además, la posibilidad de publicar es mucho mayor. Antes –dice- era otro de los trabajos del propio creador y actualmente ya es muchísimo más fácil: las ediciones de autor, las ediciones digitales, las revistas… entonces eso le da la posibilidad al creador actual de sentirse más afianzado en el mundo del artista, de ser menos dependiente.
 
Hay búsquedas a muchos niveles: temáticos, estructurales porque están buscando nuevas formas de hacer literatura. El cine los influye muchísimo. Las redes sociales también…
 
Pero –recalca- aún es imposible ubicar a esta generación en un solo perfil literario.
 
GALERÍA
 
Isolda Dosamantes hace un fugaz recorrido, a manera de destellos, por algunas de las escritoras que a su juicio han dejado alguna marca en el compendio de la poética tlaxcalteca:
 
Irma Carolina Romero se desarrolló mucho tiempo en la radio, quien ha ejercido la poesía no desde un punto de vista tan académico o tan especializado, pero no ha dejado de hacerlo sin importarle la crítica.
 
Vino después otra generación con gente como Gloria Nahaivi.
 
Angélica Minor tiene un libro increíble y muy poco conocido: Pueblo de adobe. Es la historia de una familia que no puede ser de otro lugar más que de la tierra, del adobe, y que se desarrolla en esta tierra tlaxcalteca. Es un poema largo, épico, fuerte, que habla de una mujer en silla de ruedas que es muy fuerte… como son las mujeres de Tlaxcala, las que tienen que salir al sol a llevar la comida para sus hombres campesinos.
 
Dentro de estas mujeres poetas que se formaron en el taller de Juan Bañuelos, está también Ignacia Muñoz, que sigue escribiendo poesía y cada mes toma en taller de Ricardo Yáñez aquí en Tlaxcala o en Puebla.
 
Georgina Franco, muy destacada locutora, también escribía poesía muy cercana a la literatura infantil.
 
Minerva Aguilar y Marisol Nava son de la misma generación. Minerva, una poeta más de la sangre, de las banquetas, de estar ahí en la vida cotidiana. Marisol, una poeta muy sensible, que se ha dedicado más a la academia y su poesía es una poesía muy consolidada, muy seria, muy ordenada
 
Una coincidencia final entre Olimpia e Isolda: en el campo de la perspectiva de género, en Tlaxcala se ha avanzado… pero aún no lo que se debería… no lo que se necesita… no lo deseable.
 
 
 
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